Rufino Gómez Villar

Toponimia y Antropología

Tal y como me anunció Santi, el pasado sábado la comarca de Belorado apareció en un nuevo capitulo dle programa pueblos y Fronteras de Castilla y león.

Os dejo el enlace a mi manera, porque de la correcta no me sale. La emision se hace en dos partes la primera apartir del minuto 37 y la segunda del 1:13.

http://www.youtube.com/watch?v=eTsRiUfhGQI

Un saludo

Hola a todos

Os dejo un enlace al video del programa Pueblos y fronteras, de CYL televisión, emitido el pasado 8 de octubre. En este capitulo dedican un apartado a nuestra comarca. Además es el primero. El programa se centra sobre todo en mostrar  la relación entre los pueblos que actualmente se encuentran en diferentes provincias o regiones limitrofes de Castilla y León.

Aqui en particular muestra las relaciones entre la zona de Fresneda de la Sierra y Valgañón.

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http://www.youtube.com/watch?v=ytGBflUK2uA

Después de la toma de la fortaleza de Cerezo por los magnates  y señores de la guerra procedentes del norte de la península, la propiedad de buena parte del terrazgo del valle del Tirón pasó a manos de los condes y monarcas castellanos. También de las instituciones eclesiásticas; sobre todo del obispado de Burgos y de los grandes monasterios riojanos:  San Millán de La Cogolla y, en menor medida, de Santa María La Real de Nájera. A través de donaciones el antiguo monasterio de San Pelayo llegó a formar parte del patrimonio de la institución najerina. El “coto redondo”, conocido como la Granja de Fresno, sobrevivió hasta las desamortizaciones del siglo XIX. Edificadas sobre un solar utilizado como habitación desde la antigüedad, todavía se ven las ruinas de la casa del granjero, de los edificios auxiliares de la explotación agropecuaria y de la capilla en la confluencia de la cava de Vallasnera con las aguas del río Retorto. La fábrica de la capilla se conserva en un estado aceptable. Su restauración completaría la importante secuencia histórica y arqueológica de Belorado.

Entre el final de la romanidad y el nacimiento de las aldeas medievales proliferaron en la comarca los poblados rupestres. Sus restos se ven todavía en Villalómez, Espinosa del Camino, Tosantos, Cerezo o Quintanilla. En Belorado hubo al menos tres de estas colmenas troglodíticas; las de Santa María, San Cabrás y Santa Pía, enfrentadas respectivamente al naciente caserío de Belorado y de otras aldeas del valle. Hay que decir que un error del equipo del geógrafo Madoz, y la consecuente e inacabable serie de publicaciones debidas a copistas desinformados, ha perpetuado la idea de que las cuevas de San Cabrás corresponden con las cuevas de Santa María. Es una propuesta que debemos corregir. El poblado troglodítico puesto bajo la advocación de san Caprasio no es otro que el que aún hoy se ve en la ladera oeste de La Muela. Un punto donde hasta el siglo XVIII sobrevivió una oquedad usada como capilla por la cofradía beliforana del santo. Por cierto la colemna rupestre debiera de ser protegida por los poderes públicos locales. Es una parte importante de nuestro patrimonio arqueológico y cultural.

Ya se ha presentado el nuevo ciclo de conferencias: ‘En torno al 25 de abril’ organizado por la asociación Ayuela de Santo Domingo de la Calzada, orientado a divulgar el patrimonio inmaterial del entorno de este municpio.
El ciclo de conferencias comienza el 25 de abril. Las ponencias que se han programado son la siguientes:
25 de abril:  ’Voces singulares de Santo Domingo de la Calzada y su entorno’,  José María Pastor, doctor en Filología Hispánica y catedrático de Bachillerato. 
2 de mayo:  ‘Romancero y tradición oral en el Valle del Oja’, Javier Asensio.
6 de mayo:  Toponimia vascuence en los valles del Oja-Tirón’. Rufino Gómez Villar’.
Todas las conferencias se celebrarán en el salón de plenos del Ayuntamiento, a partir de las 20.30 horas.
La noticia en Diario La Rioja:

El nombre del puente románico de Belorado sobre el río Tirón se repite en otros lugares cercanos. Así se llama el puente de Fresneda y el de Santa Olalla; también el de Ezcaray sobre el Oja. Hay entre Cerezo y Quintanaloranco un puente de un solo ojo sobre el río San García, se llama Puente la Grija. Existe alguna posibilidad de que esta denominación repetida se aplique a los puentes hechos de piedra, frente a los Puente la Tabla, temporales, poco más que un par de maderos sobre la corriente de ríos y riachuelos, que predominaron hasta no hece mucho tiempo. Del viejopuente de Belorado se conservan cuatro ojos en su margen izquierda. Las autoridades municipales debieran incluirlos en el catálogo de bienes patrimoniles merecedores de especial atención. Para su conservación y puesta en valor.

La muralla de la villa contaba al menos con seis puertas. La que se abría al final de la actual calle Mayor se llamó durante un tiempo La Puerta de La Caldera. El topos hace referencia a la existencia en sus inmediaciones de un tinte o caldera. Probablemente se situaba junto a otros en el exterior del cerco, junto al Merdancho, de cuyas aguas se servían los artesanos de la piel o de la lana. Estas instalaciones generaban un olor profundo y desagradable, que hacia aconsejable su alejamiento de las viviendas.

La colección de estelas celtoromanas de Belorado es probablemente uno de los activos patrimoniales de la villa más interesante. Las autoridades municipales estan obligadas a su custodia. Por eso uno de los objetivos urgentes debe ser habilitar para ellas un pequeño museo. Así se protegerían debidamente y servirían como un nuevo reclamo turístico. El museo servirá además como acicate para que se efectuen entregas de aquellas que están en manos de particulares. Yo calculo que se podría reunir un grupo de veinte o treinta. Sería el primer paso para la creación de un museo más generalista.

Recupero aqui el texto de un artículo de Juan José Martín García, (Doctor en Historia-Pradoluengo) publicado en el Diario de Burgos el 28 de enero de 2008 que me parece interesante recuperar y compartir, como paseo recomendado.

Las incógnitas de LA LOMA: Un atento paseo por este adusto y despoblado paraje, entre Belorado y Briviesca, permite descubrir huellas de tiempos mejores

Por: JUAN JOSÉ MARTÍN GARCÍA

Quien al día de hoy se adentre en La Loma, una altiplanicie situada entre Belorado y Briviesca, se verá invadido por una sensación de abandono, de desolación, de tristeza. Las amplias llanuras de La Loma, surcadas por encajonados barrancos, aparecen completamente desoladas, prácticamente deforestadas y con una vegetación rala. Tan sólo algunas carrascas solitarias surgen de la nada, como testigos de otras épocas, como hitos de un bosque, que en otro tiempo ocupó la enorme extensión de este territorio hoy inhóspito y en silencio.

Nos encontramos ante un espacio muy poco conocido de la geografía burgalesa que, sin embargo, mantiene interesantes aspectos históricos y antropológicos por descubrir y matices que nos hagan recordar que, incluso en condiciones extremadamente difíciles, los seres humanos han sido capaces de sobrevivir y desarrollarse.

Ya en los albores del siglo XX, los médicos que trabajaban en esta comarca remarcaban estos caracteres de soledad:

«Desde hace muchos años es región la que nos ocupa de pocos atractivos para la vida, por su aislamiento, esterilidad del terreno y carencia de leña y aguas potables».

La Loma, cien años después, es un espacio prácticamente vacío.

Tan sólo unos pocos indicadores metálicos en la tortuosa carretera que nos conduce desde Belorado a Briviesca nos informan de la existencia de pueblos en decadencia, con nombres como Quintanaloranco o Bañuelos, o que se hallan abandonados definitivamente, como Loranquillo o Castil de Carrias.

Sin embargo, en otro tiempo La Loma fue un auténtico mundo en movimiento. Bien es cierto, este movimiento había que medirlo con los parámetros de los espacios rurales de la Antigüedad y la Edad Media, con la actividad cotidiana de personas, de grupos humanos, de gentes, que eran quienes, al fin y al cabo, dotaron al país de caracteres distintivos en su manera de afrontar una vida dura, de ser capaces de prolongar su existencia a lo largo de dos mil años.

 EL PASADO RESURGE. A poco que el paseante curioso se detenga, el pasado resurge y salta a la vista en multitud de motivos de interés arqueológico y antropológico.

Por La Loma transcurren varias calzadas romanas, verdaderos fósiles viarios de gran interés histórico y patrimonial. Una de estas vías unía Cerezo (Segisamunculum) y Briviesca (Virovesca), otra partía de Belorado y finalizaba en la capital burebana y, posiblemente, una más de estas antiguas autopistas de la antigüedad, partía desde la misma Cerezo y llegaba hasta Villafranca Montes de Oca (Auka).

A lo largo de estas calzadas se localizan un número sorprendente de domus o casas romanas.

Su situación se repite con el mismo esquema dispositivo a lo largo de varios de los vallejos que, desde La Loma, descienden hasta los ríos Tirón y Oca.

En la parte superior de estos valles encajonados, como dominando un terreno bien acotado, aparecen restos de estas construcciones romanas dedicadas a la explotación agropecuaria. Indefectiblemente, en esta zona suelen aparecer pequeñas fuentes, cuyas aguas recorren todo el vallejo, y que servían ante todo para el consumo de los ganados, ya que son aguas duras, acariciadas por la sal de suelos compuestos de sulfato sódico y sulfato cálcico. Los hallazgos superficiales de cerámica sigillata, pondus para sostener las urdimbres de los telares o grandes tégulas -tejas de época romana con disposición plana-, son constantes.

LOS MEJORES CONOCEDORES. Rufino Gómez Villar y Roberto Espinosa Fresneña son los mejores conocedores del pasado histórico de La Loma. «Llegar a conocer los sitios es cuestión de un mínimo de curiosidad. Preguntamos a los labradores ¿dónde salen tejas, piedras, muros? Posteriormente, comprobamos estos lugares y casi siempre damos con restos interesantes.

La toponimia es otra de nuestras aliadas. Qué decir de nombres como Valdetejas, donde, efectivamente, se encuentra una de estas domus con un importante potencial arqueológico», coinciden en señalar ambos.

Los hallazgos y el interés inquieto de estos investigadores nos hacen reflexionar sobre lo que verdaderamente importa; nos hacen preguntarnos por las mismas cuestiones que el ser humano viene planteándose desde el inicio de los tiempos, el cuándo, el dónde, el porqué de nuestra existencia.

Respuestas que el aparente silencio de La Loma nos puede susurrar al oído.

Tras una ocupación muy potente en época romana, quizás los siglos oscuros de la tardoantigüedad trajesen una despoblación generalizada de La Loma. Al menos, sí que debió haber una desestructuración y una huida generalizada de los grupos humanos a otros tipos de hábitats cercanos, como los surgidos en varias cuevas situadas en los márgenes de los ríos Tirón o Retorto, con nombres como Sietefenestras en Cerezo, la Peña en Tosantos, o San Caprasio en Belorado.

 EDAD MEDIA. Sea como fuere, no es hasta la Edad Media cuando se produce un nuevo afán repoblador de La Loma. Esta reestructuración conlleva la aparición de un buen número de asentamientos rurales, como si de hongos se tratase: Pecesorios, Loranquillo, Quintanilla So Carrias, Loranco, Villasuso, Quintanilla San García, Quintanaloranco -aldea que a su vez se dividía en tres barrios, Quintana, La Paul y Loranco-, Loranquillo de MunioVita, etc.

A pesar de que los restos romanos no coinciden con los medievales, los repobladores castellanos, insertos aún en una economía agrícola de subsistencia, también aprovecharon los vallejos más fértiles para asentarse.

El caso del monasterio de San Cabrás es paradigmático. Se trata de un pequeño cenobio en el que aún son perceptibles las distintas celdas o habitaciones de los monjes.

Quizás estos monasterios eran dúplices, permitiendo la convivencia de mujeres y hombres bajo unas reglas determinadas. En realidad, su construcción suponía un nuevo sistema de explotación agraria, en la que el ganado vacuno y porcino, pero sobre todo, lanar, representaba el mayor aporte calórico y pecuniario a estas pequeñas comunidades.

En Carrias se situaba el convento de San Facundo de Valde Carrias, anejo de San Pedro de Arlanza por confirmación en 1255 de Alfonso X el Sabio. Y en Castil de Carrias se encontraba el monasterio benedictino de San Esteban de Pecesorios, que perteneció al convento riojano de Santa María la Real de Nájera. No obstante, las duras condiciones de vida de los lomeses hicieron de estas gentes una raza de hombres especiales. El agua de lluvia se recogía en grandes tinajas para su consumo humano, ya que la de los manantiales era insalubre.

En los años 30 del s. XX, un lomés, Fermín Saja, instaló un molino de viento para extraer las aguas más profundas de su pueblo; sin embargo, estas no eran aptas ni para el lavado de la ropa.

 Por otra parte, la antigua masa forestal de quercus quedó arrasada por una explotación excesiva, por lo que los lomeses debieron buscar leñas de hogar en otros lugares comarcanos, cambiándolas en ocasiones por yeros, como hacían con los cercanos pueblos de Arraya de Oca o de Cerratón de Juarros.

 Los lomeses se especializaron en el tráfico de granos. La mayoría de vecinos contaba con un buen número de mulas, situado entre cuatro y ocho. También se especializaron en el cuidado de ganado lanar, en la industria chacinera, así como en la producción de miel, lino y cáñamo.

 GENOCIDIO MIGRATORIO. Sin embargo, esta forma de vida fue languideciendo o desapareció con el genocidio emigratorio de los años sesenta.

Los supervivientes fueron encontrándose poco a poco en absoluta soledad. En Castrillo -Castil de Carrias- se dio la triste circunstancia de representar durante años el ayuntamiento independiente con menos número de habitantes, en concreto uno, Florentino González, «el Patillas».

Por su parte, en Loranquillo, la marcha de Modesto Carrillo y su familia dejó el pueblo con tan sólo dos habitantes, Ascensión y Julio, dos hermanos ciegos, como último testimonio de la dureza de la vida en La Loma.

Los asentamientos detectados a los que hago referencia en el artículo , y que conforman el camino, son 8:

Cerro Grañón, La Domus de “El Molino de Zalla”, El monasterio de San Martín, La Domus de San Martín, “El convento de Buradón”, la Domus de El mercado Viejo, La domus de la Callejita de las Monjas y la Villa de la Paul.

Basándonos en los materiales encontrados parece que los restos pueden atribuirse al periodo romano, especialmente de la época bajoimperial. Las domus, como podeis ver en la imagen adjunta, se ordenan a lo largo de dos corredores naturales: el Reláchigo y el camino de Ibrillos.

 Como ya he dicho en el anterior comentario una investigación sistemática podría aportar datos de este viario romano secundario y de su coincidencia más que probable con el primitivo camino de Santiago en el tramo Grañón-Villafranca Montes de Oca.

El tiempo se nos echa encima y los trabajos de la Autovía quizás también.